Cuando la fotografía olía a vinagre. Fotos: SACASAS

SACASASHombre y Pasaje Hernandez, Bogotá

Cuando la fotografía olía a vinagre.

Era como  entrar en una discoteca. Oscuro, apenas iluminado por una luz roja o ámbar que se derramaba por los objetos dejando los bordes imprecisos, difuminados al contacto con las sombras; cuando no la tiniebla total, tanto, que podías ver los pensamientos flotando en ese espacio ahora infinito, que solo reaparecía cuando el tacto torpe determinaba la existencia de límites a medida que manipulabas los trastos del oficio. También magia y misterio. Magia porque de la nada surgían personas y cosas. Misterio porque sólo al final del proceso podías estar seguro de que obtendrías algo. Todo esto envuelto siempre en un vaho espeso, casi palpable, de aromas acres que se pegaban al cuerpo, a la ropa y por lo visto también a los recuerdos. Y al final – como dioses- decir “hágase la luz” y ella, rauda, rehacía el universo “real” en un santiamén y lo que había sido negrura, pasando luego, por fantasmales sombras sanguinolentas, ahora, podía apreciarse en todo el esplendor de la imagen fotográfica contemplándonos desde la bandeja de líquido fijador. Seres, adustos unos, contentos los otros. Piedras, en el caótico orden natural o en orden y concierto humanos, aunque el tiempo poco a poco las lleve de nuevo a su “desconcertado” origen. Ciudades, también de piedra, fundida ahora y pobladas de luz 24 horas al día. Paisajes, mares, naturalezas vivas y muertas, sucesos y sobre todo… los Muertos…….muertos que perviven y persisten pegados al papel convertidos en negro haluro de plata. Y es que el color, inventado años ha, no suplantaba al blanco y negro que,insistía (e insiste) en permanecer apoyado en su virtual manera de enseñarnos la realidad distinta a como la vemos.
El ácido Acético (vinagre), el hiposulfito de sodio, el revelador y los cuartos oscuros aún existen y probablemente seguirán existiendo mucho tiempo, pero cada vez menos y para fines muy específicos haciendo que la fotografía ya no huela a vinagre.

SACASAS

En este post el menú será entonces: Fotos a la vinagreta.Años 80s

SACASAS Campanario y Catedral, Cartagena de Indias

Crónicas de la hipermodernidad e imágenes sueltas. Fotos y texto: SACASAS

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Crónicas de la hipermodernidad

 

 

 

Se levantó antes de que la cama lo despertara para evitar la cháchara salutífera de la mañana, pero aun así esta en seguida lo detectó y encendió las pantallas donde aparecían todas las medidas de su estado biológico reforzadas por una voz que las iba leyendo: Temperatura 36.7 grados, presión arterial 80 – 110, PH intersticial 7.34………. Hizo caso omiso de todo ello y, poniéndose de pie, se desperezó estirando todos los músculos del cuerpo. Había dormido bien, esa noche la WI-FI no le había infiltrado demasiados comerciales en los sueños. La cama dejo de recitar cifras y le recordó que tenía que hacer sus ejercicios matinales obligatorios en beneficio de su salud o si no se le descontarían 0.25 sub- Bitcoins automáticamente por parte del ministerio del ramo. La cama le descontó el dinero al comprobar que no cumplía con la rutina y le leyó el texto completo del parágrafo legal que decretaba la multa.
La cama apagó las pantallas cuando caminó hacia la nevera y esta encendió la suya, lo saludó con el ‘Hola buenos días’ de siempre y empezó a trasmitir comerciales sugiriendo desayunos de acuerdo a su historial de consumo. Sacó el primer paquete que encontró y sin fijarse en la marca lo introdujo en el micro- ondas que en seguida empezó a preguntarle por la temperatura requerida y terminó recordándole que tenía una llamada perdida y si quería atenderla desde su teléfono (el del horno) o el de la nevera, “ahora no”  contestó y la voz le salió carrasposa como su garganta, volvió a abrir la nevera y sacó un zumo de naranja para aclararla un poco. El horno avisó que la comida ya estaba caliente. Eran huevos con tocino pero solo el aspecto, estaban elaborados a partir de productos vegetales especialmente soya y como hacía tanto tiempo que no probaba unos reales no sabía si el sabor correspondía a lo que parecían. Los comió sin mucho entusiasmo sentado a la pequeña mesa del comedor, que afortunadamente no era “inteligente” y permanecía silenciosa.
DSC_0040Cuando terminó dejó algo en el plato para Bugs su conejo. Desde que los Animalista habían impuesto el veganismo obligatorio la imposibilidad de alimentar mascotas con proteína animal había hecho desaparecer los indefensos perros, los gatos (mejor preparados) sobrevivían en la clandestinidad; así que la gente criaba como mascotas solo animales vegetarianos, conejos, cerdos, aves, que además estaba seriamente castigado el sacrificarlos y aún peor consumirlos. Certificó que el pequeño piso estuviera hermético, preguntándoselo al horno que contestó afirmativamente. Era muy importante esto antes de salir,  no solo para evitar entrada de contaminación del aire o el sinnúmero de plagas que pululaban en el ambiente sino también para que los gatos salvajes, que sobrevivían clandestinamente alimentándose de las mascotas con amos descuidados, no se comieran a su querido conejo. Termino de vestirse, puso todo el software de la residencia en situación ausente y salió activando la doble puerta neumática que mitigaba la pérdida de aire filtrado del interior y además aseguraba, hasta cierto punto , que los ladrones (abundantes) no se apropiaran de sus preciadas pertenencias.
La calle de barriada con pocos peatones y alguno que otro vehículo automático que pasaba en silencio, no se veía bien, los edificios de pintura raída y descascarada, montones de basura por recoger cada pocos metros y sobre las tapias  corrían  los odiados gatos salvajes esperando un descuido para caer sobre alguna indefensa mascota vegetariana. El aire tenía color azul plomizo y olía a podrido. Había salido con el casco virtual, obligatorio, puesto, pero había olvidado darle al ‘play’, lo hizo con premura esperando que no le cobraran multa por ello y después de un pequeño temblor la realidad recobró su sentido. Ahora la calle era un hermoso bulevar orlado de frondosos árboles, limpia y reluciente con pájaros y mariposas (sin gatos, el programa del casco borraba todos los elementos indeseables) y ya no olía a podrido. Una voz le comunicó que se le habían descontado otros 0,25 sub-Biscoints por salir a la calle sin la protección superior activada y le leyó el parágrafo legal respectivo recordándole al final que todo era por su seguridad…………..

 

SACASAS

 

DSC_0232Nota: Las imágenes no necesariamente hacen referencia al Texto

Caminando Catalunya. Más imágenes de Vilafranca del Penedés. Fotos: SACASAS

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Vitivinícola “Torres”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Felidia y Pichindé, y una historia a propósito. Fotos y texto: SACASAS

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Mural de PichindéPichindé

 

Felidia y Pichindé
Y una historia a propósito

En las estribaciones de la cordillera occidental de Los Andes colombianos, dentro del municipio de Cali, medio escondidos entre el verde de los cañones del río Pichindé y Cali, se encuentran los corregimientos de Felidia y Pichindé, el primero de ellos con un pequeño núcleo urbano y el otro, apenas una carretera salpicada de casas a lado y lado.La región irrigada por generosos ríos es un concierto de verdes que tapizan la quebrada orografía y a pesar de la proximidad de la ciudad (media hora más o menos) y de los veraneantes, conserva su ecología tal y como la recuerdo de muchos años.Aunque tienen actividad agrícola su principal fuente económica es la de servir de veraneadero  (aprovechando el clima más fresco que da la altitud) a los habitantes de Cali, ruidosa y calurosa urbe que se divisa a parches, desde la cordillera, detrás de los cerros de Cristo Rey y las Tres Cruces, rodeada de cañaduzales infinitos, algunos humeantes a raíz de la cosecha y posterior quema de los restos.

Las Tres Cruces desde PichindéEl cerro de Las Tres Cruces, al fondo, visto desde Pichindé. La base aerea de El Guabito está al pie del cerro y de allí despegaron los aviones  que debieron enfilar por este cañón.

 

Pocos saben que en esa zona y más exactamente en la cuenca del río Cali a la altura de Felidia se estrellaron La Pinta, La Niña y La Santa María causando la muerte de todos sus ocupantes, que no eran el Almirante ni los hermanos Pinzón, como podrán suponer, sino pilotos y tripulantes cubanos de tres aviones que realizaban un periplo por América. En sus máquinas voladoras Stinson Reliant SR-90 habían partido desde República Dominicana (en compañía de otro aparato denominado Colón, con bandera de la citada república) el 12 de noviembre de 1937 en un viaje con el fin de recolectar fondos para el faro de Cristóbal Colón que debía construirse en este antillano país. Después de descender al sur del continente por el Atlántico y visitar 26 repúblicas y colonias, llegaron a Cali al aeropuerto de El Guabito (hoy en día todavía operativo). Los pilotos colombianos les recomendaron seguir la ruta del río Cauca por el norte y salir al Pacífico por el Chocó, pero los expedicionarios tenían prisa por salir a este océano; les propusieron entonces usar el paso Vijes- La Cumbre de menor altura y menos complicado, no está claro por qué escogieron el cañón del río Cali para continuar su viaje, este se va estrechando rodeado de altas paredes montañosas rematado, un poco hacia el sur, por los formidables Farallones de Cali. Despegaron el 29 de Diciembre muy temprano en la mañana y ya sobrevolando Felidia el piloto de la nave almiranta se percató de la imposibilidad de atravesar por y ahí trató de volver atrás pero el espacio no era suficiente y terminó uniendo la sombra y el avión contra la ladera, seguido por las otras dos naves que corrieron la misma suerte. El aparato dominicano, más potente, se salvó porque volaba a mayor altura y fue testigo de la desgracia.

PichindéCasa finca. Pichindé

 

Los lugareños que presenciaron el accidente dicen que alguna de las naves estuvo a punto de chocar con la torre de la iglesia. Intentaron, inútilmente, prestarles auxilio y después recogieron los restos, que incluían dinero recaudado para el faro, que fue devuelto en su totalidad a Cuba. El “presidente” de esta nación Fulgencio Batista en agradecimiento donó la escuela, que hoy todavía existe, con el nombre de República de Cuba y una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la mayor de las Antillas y a raíz de todo esto, también de la población de Felidia.

 

Felidia, Valle del CaucaVista desde Felidia (al otro lado del cerro piramidal está Pichindé). Este es el cañón del río Cali antes de que comienze a estrecharse y por aquí pasaron los aviadores minutos antes de su trágico fin.

 

 

Las Carretas II Fotos y texto: SACASAS

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Guillermo RíosGuillermo

La palabra ‘carreta’ en Colombia además de significar el artilugio sobre ruedas quiere decir también: rollo, discurso, retahila verbal, embuste, dedicación. Teniendo en cuenta esto Las Carretas con las que llegó Guillermo aquí, sobre ruedas, no erán sólo eso, eran también los encarretes que a traves de su vida de artesano impenitente ,rayano con lo artístico le habían dado esa carreta pausada con que nos describe la existencia mientras prepara un tinto (café) una calma en íntima relación con el apacible, pero no menos espectacular, paisaje que frente al lugar se explaya. Para no cansarlos con la carreta los dejo con las imágenes.

 

Cortinilla                   Cristo de Las Carretas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cortinilla                                                                                                  Cristo de Las Carretas

 

Llegando a Salento

Colombia la Bella. “Las Carretas” (Salento, Quindío). Texto y fotos: SACASAS

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Artesanías "Las Carretas"

 

 En la última curva de la carretera, antes de entrar en Salento Quindío, se encuentra esta especie de parque temático, donde el amigo Guillermo Ríos ha levantado sus sueños. Allí, al calor de unos tintos (café), se puede apreciar y adquirir una variopinta gama de arte y artesanía, además de disfrutar de  la esplédida vista que  se divisa. Sirva de invitación a los colombianos que leen el Blog  y a los de otra partes de este agitado planeta, a que pasen por  Salento sin dejar de visitar “Las Carretas.

 

El camarógrafoGuillermo Ríos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El fotógrafo                                                                                                             Guillermo

 

QUijotes en SalentoQuijotes en Salento